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China intensificó sus protestas diplomáticas contra Japón tras declaraciones de la primera ministra Sanae Takaichi, quien sugirió que un conflicto armado en Taiwán podría justificar una intervención militar de Tokio.
Beijing calificó estas palabras como una interferencia grave en sus asuntos internos y advirtió que cualquier intento japonés de involucrarse resultaría en una “defección aplastante”.
La declaración fue hecha el 7 de noviembre y marca la primera ocasión en que un líder japonés vincula a Taiwán con una posible respuesta armada, rompiendo con la ambigüedad estratégica tradicional de Tokio.
El Ministerio de Relaciones Exteriores chino afirmó que las declaraciones violan el acuerdo de 1972, bajo el cual Japón reconoce a Beijing como el único gobierno de China.
El 22 de noviembre, China llevó el caso ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), donde su representante, Fu Cong, señaló que una intervención japonesa constituiría un “acto de agresión” y prometió una defensa firme.
Finalmente, Beijing insistió en que Japón debe retractarse para evitar un mayor deterioro y advirtió que “quien juega con fuego, perecerá en él”.
Escrito por Fernanda Trujano Chavarría
Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la UAEM.