Este México nuestro se ha hecho, por sus condiciones, tan irreal, tan innecesario, que así como está ya no tiene ninguna utilidad para el pueblo pobre.
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La esperanza de vida es una estadística que se refiere al número de años que una persona “saludable” puede esperar vivir a partir de que nace. Es un indicador en el que se resume la calidad de vida, el bienestar real de la población de un país, no sólo el grado de desarrollo de su economía, sino también sobre cómo se distribuye esa riqueza y sirve para atender las necesidades de alimentación, los servicios de vivienda, cuidados sanitarios y educación de su población. Es así porque se ha probado que el incremento de la esperanza de vida es producto, por un lado, del combate a la incidencia de enfermedades infecciosas mediante la vacunación y la ampliación del acceso al agua potable, así como a la red de drenaje y, por otro, de la ampliación del acceso a los servicios sanitarios.
La contraparte de la esperanza de vida es el comportamiento de la mortalidad. Como en la anterior, ésta también revela el nivel de desarrollo de las sociedades. El número 6 de la Gaceta Médica de México de 2023 titulada La carga de la enfermedad, lesiones y factores de riesgo de México de 1990-2021 es un conjunto de estudios sobre los factores que lastran tanto la esperanza de vida como la calidad de vida en nuestro país: años de vida saludable (AVISA) o años vividos con discapacidad (AVD). El objetivo de este estudio, como aclaran los autores, es exponer los focos rojos en la salud pública para guiar las políticas que permitan mejorar la calidad de vida del pueblo mexicano en el presente y el futuro. Por eso destaca que “las prioridades de salud están dominadas por las enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) y los factores de riesgo metabólico”.
Para empezar, el estudio expone la evolución en la tasa de mortalidad durante esos años, dice que: (1) ésta, en menores de cinco años, disminuyó en todo el periodo; (2) pero que, mientras que entre 1990-2000, disminuyó para todas las edades; (3) en las dos décadas siguientes, 2000-2019, aumentó en los hombres de entre 15 y 60 años, así como en las mujeres de entre 15 y 39 años; y finalmente que (4) en los años 2019 y 2021, aumentó en toda la población mayor de nueve años como consecuencia de la pandemia de Covid-19. Aunque se advierte que el incremento de la mortalidad provocado por la pandemia se corregirá paulatinamente, éste provocó que la esperanza de vida al nacer en 2022 en México, fuera la misma que en 1990. Existen, no obstante, fatores que menoscaban la esperanza de vida y que son de más difícil tratamiento que tan solo dejar que su efecto se diluya con el tiempo.
A decir del artículo, en México se experimenta una “transición de la mortalidad disonante” en comparación con lo ocurrido en otros países con el mismo nivel de desarrollo que tiene México hoy. La disonancia aparece porque buena parte de las ganancias en esperanza de vida que se obtienen en los primeros años de vida gracias al saneamiento del ambiente de los hogares, como el uso de vacunas, se pierde debido a la alta incidencia de ECNT en los adultos jóvenes, a saber, las cardiopatías, la diabetes mellitus, la enfermedad renal crónica, las enfermedades hepáticas y las cerebrovasculares. De acuerdo con los resultados, a causa de éstas ocurren: la mitad de las muertes prematuras, el 85 por ciento de los AVD y 60 por ciento de la pérdida de AVISA.
El reclamo más general del estudio que citamos es la necesidad de desarrollar estrategias que vayan más allá del sistema de salud, multisectoriales; pero sobre todo que se debe invertir para intervenir de manera específica y atacar efectivamente los factores de riesgo; pues hay diferencias importantes entre regiones del país, grupos de edad y sexos.
Podríamos decir hasta aquí, como dice el refrán popular: “tan presto muere el rico como el mendigo”; pero hay que notar que no lo hacen igual. El estudio citado muestra que los factores de riesgo que más impactan tanto en la muerte prematura como en la pérdida de calidad de vida por enfermedad son, entre los menores de cinco años, la desnutrición; y entre los adultos, la obesidad y los niveles de glucosa; es decir, factores que tienen que ver con la dieta de los mexicanos. En suma, también aquí, en el modo en que se padece la enfermedad y mueren los mexicanos, destacan las desigualdades socioeconómicas; por eso urge un sistema sanitario que contribuya a abatirlas. Las grandes mayorías tenemos que exigir nuestro derecho a una vida tan larga y sana como permita el desarrollo de la ciencia y de la economía de nuestra sociedad y que esto no se restrinja a una minoría.
Este México nuestro se ha hecho, por sus condiciones, tan irreal, tan innecesario, que así como está ya no tiene ninguna utilidad para el pueblo pobre.
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Escrito por Vania Sánchez
Licenciada en Economía por la UNAM, maestra en Economía por El Colegio de México y doctora en Economía Aplicada por la Universidad Autónoma de Barcelona (España).